Una de las cosas que más trabajo me ha costado durante mi búsqueda de empleo no es solamente encontrar vacantes. Es saber qué palabras debo escribir en el buscador.

Parece algo muy sencillo. Uno entra a LinkedIn, Indeed, OCC o Computrabajo, escribe el nombre del puesto que desea y espera a que aparezcan las oportunidades. El problema comienza cuando no tienes completamente claro cómo se llama el trabajo que podrías realizar.

A mí me ha pasado.

Entro a una plataforma y casi siempre termino utilizando las mismas búsquedas: auxiliar administrativo, docente y algunos puestos relacionados con las áreas en las que he trabajado. Como esas opciones ya están guardadas, las reviso una y otra vez. Cambian las empresas y las fechas de publicación, pero sigo moviéndome dentro del mismo grupo de vacantes.

Durante un tiempo pensé que el problema era simplemente que no había suficientes oportunidades compatibles con mi perfil. Después comencé a sospechar otra cosa: quizá sí existían otros empleos para los que podía tener experiencia, pero yo no sabía cómo encontrarlos.

Mi trayectoria no cabe fácilmente dentro de una sola etiqueta. Estudié Negocios Internacionales, he trabajado en docencia, publicidad, proyectos digitales, incubación de empresas, política y actividades operativas. También he dirigido una agencia, seleccionado colaboradores, creado contenidos, atendido clientes y participado en la administración de proyectos.

Cuando intento resumir todo eso en el buscador de una bolsa de trabajo, vuelvo a las palabras conocidas. “Administración” parece suficientemente amplia. “Docente” corresponde con una parte real de mi experiencia. Sin embargo, esos términos también pueden convertirse en una especie de pared: me muestran lo que ya sé nombrar, pero no necesariamente todo lo que podría hacer.

La vacante que yo no habría encontrado

Hace poco participé en el proceso para trabajar mediante una aplicación de reparto que operaba dentro de un supermercado. La experiencia me permitió observar diferentes aspectos de ese tipo de trabajo, pero también ocurrió algo aparentemente pequeño que me hizo pensar en la manera en que buscamos empleo.

Mientras estaba ahí, uno de los vendedores o compañeros me comentó que había encontrado la vacante en Indeed.

Le pregunté:

—¿Cómo la buscaste?

Él abrió la plataforma y me mostró.

No recuerdo aquella conversación solamente por la vacante, sino porque me hizo notar que yo probablemente no habría escrito las mismas palabras. Tal vez habría buscado “repartidor”, pero no el nombre específico que la empresa había utilizado para describir esa función. Quizá la plataforma la colocaba dentro de operaciones, atención al cliente, compras o alguna combinación que yo no tenía configurada.

La oportunidad estaba publicada. El problema era que no formaba parte de mi vocabulario de búsqueda.

Esto ocurre con muchos trabajos. Una persona puede saber controlar mercancía, registrar entradas y salidas, revisar pedidos y comunicarse con proveedores. Sin embargo, esas actividades podrían aparecer en vacantes con nombres distintos:

  • Auxiliar de almacén.
  • Analista de inventarios.
  • Controlador de existencias.
  • Auxiliar de logística.
  • Coordinador de operaciones.
  • Encargado de abastecimiento.

No todos esos puestos son equivalentes. Algunos exigen mayor responsabilidad, conocimientos técnicos o experiencia especializada. Pero comparten actividades que permiten descubrir caminos que no aparecen cuando escribimos una sola palabra.

El nombre del puesto funciona como una puerta de entrada. Si desconocemos ese nombre, la vacante puede existir frente a nosotros y permanecer invisible.

Primero identifiqué actividades, después busqué cargos

A partir de esa experiencia comencé a cambiar la pregunta.

En lugar de preguntarme únicamente “¿de qué quiero trabajar?”, intenté pensar: ¿qué actividades he realizado y cuáles podría demostrar?

En mi caso aparecieron cosas como organizar proyectos, atender clientes, seleccionar personas, preparar materiales, impartir clases, administrar contenidos digitales, coordinar colaboradores, resolver problemas operativos y dar seguimiento a tareas.

Esas actividades no forman una profesión por sí solas. Tampoco demuestran que pueda ocupar automáticamente cualquier puesto relacionado. Lo que hacen es proporcionar palabras para explorar.

Por ejemplo, “dar seguimiento a proyectos” puede aparecer en vacantes de coordinación administrativa, operaciones, cuentas, implementación o atención a clientes. “Preparar e impartir contenidos” puede relacionarse con docencia, capacitación, formación, diseño instruccional o desarrollo de materiales.

Yo había estado buscando “docente”, pero quizá algunas de mis habilidades también podían aparecer bajo términos como:

  • Instructor.
  • Capacitador.
  • Facilitador.
  • Tutor.
  • Asesor académico.
  • Diseñador de contenidos educativos.
  • Coordinador de capacitación.

Eso no significa que cumpla con el perfil de todos esos puestos. Un diseñador instruccional puede necesitar herramientas y metodologías que yo todavía no domino. La finalidad de ampliar la búsqueda no es convencerme de que puedo hacer cualquier cosa. Es descubrir qué opciones existen, qué experiencia puedo trasladar y qué me falta aprender.

La diferencia es importante. Explorar puestos relacionados no es inflar la trayectoria; es dejar de limitarla antes de haber investigado.

Este ejercicio se relaciona con algo que ya había observado al intentar explicar una experiencia laboral que no tiene el nombre correcto. En aquel caso el problema era cómo presentar la experiencia en el currículum. Aquí la dificultad aparece un paso antes: si no conozco el nombre del puesto, ni siquiera llego a encontrar la vacante.

Utilizar las vacantes como un diccionario

Una práctica que me ha resultado útil es dejar de ver cada anuncio únicamente como una oportunidad para postularme. Las vacantes también pueden funcionar como un diccionario del mercado laboral.

Cuando encuentro un puesto medianamente relacionado con mi experiencia, reviso:

  • Cómo se llama.
  • Qué actividades incluye.
  • Qué palabras se repiten.
  • En qué área lo colocó la empresa.
  • Qué herramientas solicita.
  • Cuánta experiencia requiere.
  • Qué otros títulos utiliza para funciones parecidas.

Después busco esos términos por separado.

Supongamos que empiezo con “auxiliar administrativo”. Al leer diferentes publicaciones puedo encontrar funciones como facturación, elaboración de reportes, seguimiento a proveedores, captura de información, control documental y atención a clientes.

Cada función abre nuevas búsquedas: auxiliar de facturación, analista de reportes, asistente de compras, control documental o ejecutivo de atención.

Algunas no tendrán sentido para mí. Otras mostrarán requisitos que todavía no cumplo. Pero una o dos pueden revelar una familia de puestos que nunca había considerado.

Esta forma de búsqueda tiene respaldo en la manera en que se organizan los sistemas de información ocupacional. La base pública O*NET OnLine, desarrollada con apoyo del Departamento de Trabajo de Estados Unidos, explica que su búsqueda relaciona palabras no solo con el título principal de una ocupación, sino también con títulos alternativos, descripciones, tareas y actividades laborales.

Aunque las denominaciones cambian entre Estados Unidos, México y otros países, el principio resulta útil: una ocupación es más que el nombre colocado en el encabezado.

O*NET también ofrece en español Mi Próximo Paso, donde es posible explorar ocupaciones según intereses y actividades. No lo utilizaría como una prueba que decida qué debo hacer con mi vida, sino como una fuente de palabras, funciones y posibilidades que después necesito contrastar con vacantes reales de mi ciudad.

En México también se puede complementar la búsqueda con el Portal del Empleo del Servicio Nacional de Empleo. No conviene depender exclusivamente de una bolsa privada. Revisar distintas fuentes permite observar cómo cambian los títulos, las empresas y los tipos de oportunidad.

Como expliqué al comparar plataformas, contactos y postulaciones directas, cada canal muestra una parte diferente del mercado. Ahora agregaría algo más: cada canal también puede utilizar un vocabulario distinto.

Un método para salir de las búsquedas de siempre

Para evitar regresar automáticamente a las mismas palabras, estoy intentando utilizar un proceso sencillo.

Primero escribo entre diez y quince actividades que realmente he realizado. No cualidades generales como “soy responsable” o “aprendo rápido”, sino acciones concretas: coordiné, atendí, redacté, enseñé, supervisé, diseñé, registré, vendí o resolví.

Después selecciono las actividades que puedo explicar mediante un ejemplo. Si digo que coordiné proyectos, necesito recordar qué proyecto fue, quién participó y qué responsabilidad asumí.

El siguiente paso es buscar una de esas actividades en varias plataformas. No necesariamente como título exacto. Puedo escribir “seguimiento a proveedores”, revisar los resultados y anotar los nombres de los puestos donde aparece esa función.

Finalmente, guardo entre cinco y diez términos nuevos y creo alertas separadas. No todas se quedarán permanentemente. Después de una semana puedo eliminar las que producen vacantes completamente ajenas y conservar las que muestran oportunidades compatibles.

El resultado podría dividirse así:

  • Títulos conocidos: los cargos que ya he ocupado o buscado.
  • Títulos relacionados: puestos con varias funciones que ya sé realizar.
  • Títulos exploratorios: oportunidades que me interesan, pero para las que necesito investigar o capacitarme.

Esta distinción me parece más honesta que enviar el mismo currículum a todo. También evita el extremo contrario: descartar una familia completa de empleos porque nunca he tenido exactamente ese cargo.

Una vez que encuentro un nuevo título, todavía necesito revisar si la vacante me conviene, adaptar el documento y entender cómo se desarrolla el proceso. La búsqueda no termina al descubrir una palabra. Pero al menos ya no estoy mirando el mercado desde una sola ventana.

El nombre abre la búsqueda, pero las funciones deciden

Hay que mantener cierta cautela. Dos vacantes pueden tener el mismo título y ser trabajos completamente diferentes.

Un “coordinador” puede dirigir personas en una empresa y limitarse a capturar información en otra. Un “ejecutivo” puede trabajar en oficina, realizar ventas de campo o atender llamadas. Incluso “auxiliar administrativo” puede abarcar desde archivo y recepción hasta cobranza, compras y facturación.

Por eso no basta con coleccionar nombres llamativos. Después de encontrar una vacante necesito leer las funciones, las condiciones y los requisitos.

También debo reconocer cuando me falta una pieza real. Haber contratado personas para mi agencia me dio experiencia para revisar perfiles y tomar decisiones, pero no significa que conozca todos los procesos de nómina, relaciones laborales o cumplimiento que puede necesitar un departamento grande de Recursos Humanos.

La experiencia transferible es un punto de partida, no una certificación automática.

Cuando una oportunidad sí parece compatible, entonces puedo decidir cómo presentar mi trayectoria y revisar que el currículum utilice términos comprensibles para la empresa. En la guía sobre currículum y filtros ATS explico por qué conviene adaptar el lenguaje sin copiar mecánicamente toda la vacante.

Además, aprender el idioma utilizado por reclutadores y empresas ayuda a comprender no solamente el proceso de selección, sino también los nombres que han adquirido muchos puestos.

Quizá no faltaban oportunidades, sino palabras para encontrarlas

Sigo entrando a las plataformas y todavía aparecen mis búsquedas habituales. Auxiliar administrativo. Docente. Algunas funciones relacionadas con publicidad o proyectos.

La diferencia es que ahora intento no detenerme ahí.

Cuando veo una vacante que no conocía, aunque no vaya a postularme, reviso qué actividades incluye. Cuando alguien me habla de su trabajo, le pregunto cómo se llama el puesto y cómo lo encontró. La conversación con aquel compañero de la aplicación de reparto me recordó que muchas oportunidades se descubren así: alguien utiliza una palabra que nosotros nunca habíamos pensado escribir.

Buscar empleo también implica aprender cómo organiza y nombra el mercado lo que las personas hacemos.

No siempre encontraremos una coincidencia perfecta. Habrá puestos para los que nos falte experiencia y otros que, después de leerlos, no nos interesarán. Pero ampliar el vocabulario evita que una búsqueda predefinida decida por nosotros todo lo que somos capaces de explorar.

A veces no necesitamos empezar preguntando “¿cuál es mi puesto ideal?”. Podemos comenzar con algo más sencillo:

¿Qué sé hacer, cómo lo llaman otras empresas y bajo qué otros nombres podría encontrarlo?

La respuesta no aparece de una sola vez. Se construye leyendo vacantes, comparando funciones, conversando con otras personas y permitiéndonos salir de las categorías que hemos repetido durante años.

Quizá el empleo que estamos buscando ya está publicado. Simplemente todavía no sabemos cómo se llama.

Este artículo comparte una experiencia personal y un método general de exploración. Los nombres, funciones y requisitos de los puestos cambian entre empresas, sectores y ciudades; revisa siempre la descripción completa antes de postularte.

Por Equipo Editorial Talento LATAM

Equipo editorial de Talento LATAM. Investigamos y organizamos información sobre vacantes, empresas, prácticas profesionales y desarrollo laboral en Latinoamérica.

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