Durante mi búsqueda de empleo me ha pasado varias veces: encuentro una vacante que parece relacionada con mi experiencia, comienzo a leer las funciones y pienso que podría realizar buena parte del trabajo. Después llego a los requisitos y aparece algo que me detiene.
Cinco años de experiencia en el mismo puesto. Dominio avanzado de una plataforma que nunca he utilizado. Conocimiento de nómina. Una certificación específica. Haber trabajado dentro de una empresa del mismo sector.
En ese momento comienzo a discutir conmigo mismo.
Por una parte pienso: “Tengo experiencia relacionada, podría aprender lo que me falta y quizá debería postularme”. Por otra aparece una voz más dura: “No cumples el perfil; solamente vas a perder el tiempo y ni siquiera abrirán tu currículum”.
El problema es que, si aplicara únicamente a las vacantes cuyos requisitos cumplo al cien por ciento, probablemente enviaría muy pocas solicitudes. Mi trayectoria no ha sido completamente lineal. Estudié Negocios Internacionales, pero he trabajado en docencia, publicidad, proyectos digitales, incubación de empresas, actividades operativas y dirección de mi propia agencia.
He realizado muchas funciones, aunque no siempre dentro del departamento o con el cargo que las empresas esperan encontrar.
Por ejemplo, durante años seleccioné colaboradores para mi agencia. Revisé perfiles, entrevisté personas, evalué trabajos y tomé decisiones de contratación. Esa experiencia tiene relación con Recursos Humanos, pero no puedo afirmar que sea idéntica a trabajar dentro de un departamento formal.
No administré cientos de expedientes, no calculé nóminas ni resolví relaciones laborales dentro de una organización grande. Entonces, si encuentro una vacante de reclutamiento, ¿tiene sentido que me postule?
La respuesta más honesta que he encontrado es: depende de lo que me falta y de lo que el puesto necesita desde el primer día.
No existe un porcentaje mágico
En internet se repite con frecuencia que debemos postularnos si cumplimos cierto porcentaje de los requisitos. A veces se habla del 60, del 70 o del 80 por ciento, como si una vacante pudiera resolverse mediante una operación matemática.
La idea puede servir para recordarnos que no es necesario ser el candidato perfecto. Sin embargo, también puede resultar engañosa.
No todos los requisitos tienen el mismo peso.
Puedo cumplir ocho de diez condiciones y, aun así, no ser compatible si una de las dos restantes es indispensable. Imaginemos un puesto de chofer: la persona puede conocer la ciudad, tener experiencia en atención al cliente y disponibilidad completa, pero si no cuenta con la licencia requerida, el resto de las coincidencias no resuelve el problema.
También puede ocurrir lo contrario. Quizá solo cumpla seis requisitos, pero los cuatro restantes sean herramientas o procesos que la empresa podría enseñar durante la incorporación.
Por eso ya no intento contar cuántos puntos cumplo. Trato de comprender qué función tiene cada requisito dentro del trabajo.
Antes de descartarme o enviar la solicitud, me hago algunas preguntas:
- ¿Podría realizar las funciones principales actualmente?
- ¿Lo que me falta puede aprenderse en poco tiempo?
- ¿La empresa presenta ese requisito como indispensable o solamente deseable?
- ¿Tengo una experiencia parecida que pueda demostrar?
- ¿La ausencia de ese conocimiento afectaría la seguridad, la legalidad o el resultado inmediato del puesto?
- ¿Podría explicar con honestidad qué sé y qué necesitaría aprender?
Estas preguntas me ayudan a distinguir entre una diferencia razonable y una incompatibilidad real.
Lo indispensable, lo aprendible y lo preferible
Hay requisitos que difícilmente pueden negociarse.
Una licencia profesional, un permiso para conducir determinado vehículo, la posibilidad real de cumplir el horario o el dominio de un idioma necesario para atender clientes no son adornos dentro del anuncio.
Lo mismo ocurre con algunos conocimientos técnicos vinculados con la seguridad. Si una empresa necesita a alguien que opere maquinaria especializada, no basta con decir que aprendemos rápido. Existen errores que pueden poner en riesgo a la persona y a quienes trabajan con ella.
En esos casos, postularme sin cumplir la condición probablemente no sea una buena utilización de mi tiempo.
Otros requisitos sí podrían desarrollarse después de ingresar. Muchas empresas utilizan plataformas internas, sistemas de seguimiento o procedimientos que ningún candidato externo conoce exactamente. Si ya manejo una herramienta semejante y comprendo el proceso, tal vez la diferencia sea aprendible.
Supongamos que una vacante solicita experiencia con un sistema específico para administrar clientes. Yo nunca he utilizado ese programa, pero he trabajado con otras plataformas, bases de datos y procesos de seguimiento. No puedo escribir que domino la herramienta solicitada. Sí puedo explicar que tengo una base relacionada y que he aprendido sistemas parecidos.
Finalmente, algunos requisitos parecen describir una preferencia o al candidato ideal:
- Haber trabajado en el mismo sector.
- Contar con un número exacto de años.
- Haber ocupado el mismo título.
- Venir de una empresa de tamaño parecido.
- Conocer una herramienta adicional que no aparece entre las funciones principales.
No significa que debamos ignorarlos. Significa que puede existir espacio para demostrar una trayectoria equivalente o una combinación diferente de habilidades.
La plataforma pública O*NET OnLine, respaldada por el Departamento de Trabajo de Estados Unidos, permite explorar habilidades transferibles y las ocupaciones en las que se utilizan. Aunque los cargos y mercados cambian entre países, su estructura ayuda a entender algo importante: una misma habilidad puede tener valor en trabajos diferentes.
Organizar información, enseñar, negociar, supervisar, atender personas o resolver problemas no pertenece exclusivamente a un puesto. Lo importante es explicar dónde utilizamos esa capacidad y qué resultado produjo.
Mi experiencia en Recursos Humanos no empieza de cero, pero tampoco está completa
Si regreso al ejemplo de una vacante de Recursos Humanos, necesito separar con cuidado lo que sí tengo de lo que todavía me falta.
Puedo decir que he revisado currículums, conversado con candidatos, seleccionado colaboradores y evaluado si una persona podía integrarse a un proyecto. También puedo hablar sobre lo que aprendí al dirigir un equipo dentro de mi agencia.
No debería afirmar que tengo experiencia completa como generalista de Recursos Humanos si nunca administré nómina, contratos, incidencias, altas, bajas o cumplimiento laboral.
Esta diferencia no vuelve inútil todo lo que hice. Simplemente coloca mi experiencia en su dimensión correcta.
Podría postularme a una vacante inicial de reclutamiento si las funciones se concentran en publicar oportunidades, revisar perfiles, realizar primeros contactos y dar seguimiento. Probablemente tendría menos posibilidades en un puesto que exige administrar de inmediato relaciones laborales, nómina y obligaciones legales.
La decisión no depende solamente del nombre del área. Depende de las actividades reales.
Esto se relaciona con el problema que describí en cuando la experiencia laboral no tiene el nombre correcto. A veces hemos realizado una función sin recibir el cargo formal. Pero también debemos reconocer cuándo el puesto incluye conocimientos que nunca desarrollamos.
No quiero descalificarme antes de tiempo, pero tampoco quiero construir una candidatura basada en exageraciones.
Cómo decir “no lo he usado” sin cancelar toda la candidatura
Uno de mis errores ha sido pensar que solamente existen dos respuestas posibles: “sí lo domino” o “no tengo experiencia”.
Entre ambas respuestas puede existir una explicación honesta.
Si una empresa solicita una herramienta que no he utilizado, podría decir:
“No he trabajado directamente con esa plataforma, pero he utilizado sistemas similares para registrar información, organizar procesos y dar seguimiento a clientes. Tendría que aprender su funcionamiento específico.”
Si nunca he tenido el cargo de supervisor, pero coordiné personas:
“No ocupé formalmente el puesto de supervisor, aunque distribuía tareas, daba seguimiento al trabajo y capacitaba a nuevos colaboradores.”
Si mi experiencia proviene de otro sector:
“No he trabajado dentro de esa industria, pero sí he realizado las funciones de atención, seguimiento y resolución de problemas que describe la vacante.”
Estas respuestas no garantizan que la empresa considere mi perfil. Lo que hacen es permitir que la persona que revisa la candidatura evalúe la experiencia real, en lugar de encontrar una afirmación falsa o un vacío.
El centro de orientación profesional de Harvard señala que, durante una entrevista, las empresas no solamente evalúan conocimientos técnicos. También observan las capacidades transferibles, el interés en el puesto y la claridad con la que una persona puede explicar su posible contribución. Su guía para entrevistas recomienda conocer bien el currículum y estar preparado para hablar con honestidad sobre experiencias y áreas de mejora.
Para mí, esa honestidad incluye poder decir: esto sí lo he hecho, esto se parece a lo que conozco y esto todavía tendría que aprenderlo.
Postularme también tiene un costo
Podría concluir que siempre vale la pena intentarlo porque “el no ya lo tenemos”. Antes pensaba así con mayor frecuencia. Ahora creo que la frase ignora el costo de cada postulación.
Leer la vacante, investigar la empresa, adaptar el currículum y llenar un formulario puede llevar bastante tiempo. Si envío solicitudes a puestos con los que tengo muy poca relación, estoy utilizando la energía que podría dedicar a oportunidades más razonables.
Como expliqué en buscar trabajo también es un trabajo, la búsqueda necesita límites y prioridades para no convertirse en una jornada interminable.
Por eso intento clasificar las oportunidades de manera sencilla.
Me postulo con mayor cuidado cuando cumplo las funciones centrales, puedo demostrar experiencia relacionada y lo que me falta parece aprendible.
Realizo una postulación más breve cuando la compatibilidad es intermedia y el proceso no exige rehacer todos mis documentos.
Dejo pasar la vacante cuando falta una condición indispensable, las funciones pertenecen a una especialidad que no tengo o tendría que distorsionar mi experiencia para parecer compatible.
También considero si aceptaría el puesto. No tiene demasiado sentido invertir una hora en una solicitud si el salario, el horario, la ubicación o el esquema de trabajo serían imposibles para mí. Para esa decisión puede ayudar revisar cómo saber si una vacante realmente te conviene.
Una vacante también puede mostrarme qué necesito aprender
No todas las oportunidades incompatibles son inútiles.
Cuando varias empresas solicitan la misma herramienta o conocimiento, la repetición me entrega información. Tal vez encontré una brecha real en mi perfil.
Una vacante aislada puede pedir una combinación extraña. Si diez anuncios relacionados mencionan Excel avanzado, facturación, determinada plataforma o un proceso técnico, quizá convenga investigar esa habilidad.
La decisión entonces cambia. En lugar de pensar “no sirvo para ese trabajo”, puedo formular una pregunta más concreta:
¿Qué tendría que aprender o demostrar para que esa familia de puestos sea una posibilidad real?
Algunas diferencias pueden resolverse con práctica, un proyecto, un curso o una certificación pertinente. Otras necesitan experiencia que no se adquiere durante un fin de semana. Reconocerlo ayuda a construir un plan realista.
El artículo sobre cómo buscar trabajo cuando no sabes cómo se llama el puesto propone utilizar las vacantes como un diccionario. También pueden utilizarse como un diagnóstico: muestran los nombres de los puestos, pero además revelan las capacidades que el mercado espera encontrar.
No necesito ser el candidato perfecto para intentarlo
Todavía me detengo cuando leo una lista extensa de requisitos. A veces cierro la vacante porque realmente no corresponde con mi trayectoria. En otras ocasiones descubro que la diferencia no es tan grande como parecía.
He aprendido que no cumplir el perfil completo no significa automáticamente estar descalificado. También aprendí que tener algunas habilidades relacionadas no me convierte en especialista.
Entre ambos extremos existe una decisión más razonada.
Puedo postularme cuando tengo una base suficiente, cuando comprendo las funciones y cuando soy capaz de explicar mi experiencia sin aumentarla. También puedo reconocer que una vacante no es para mí en este momento y utilizarla para identificar lo que necesito desarrollar.
No existe un porcentaje que resuelva todas las decisiones. Lo que existe es una comparación entre las necesidades reales del puesto, la experiencia que puedo demostrar y la distancia que todavía tendría que recorrer.
Antes de descartarme, intento no preguntarme solamente: “¿Cumplo todo?”.
Prefiero preguntarme:
“¿Puedo realizar la parte central del trabajo, demostrar lo que sé y explicar honestamente lo que me falta?”
Si la respuesta es sí, probablemente valga la pena intentarlo.
Este artículo comparte una experiencia personal y criterios generales para evaluar vacantes. Cada empresa establece sus propios requisitos y postularse no garantiza avanzar dentro del proceso de selección.
